Mediante este artículo damos inicio a una serie de artículos sobre la conferencia COP25 que se llevó a cabo el pasado mes en Madrid y Santiago de Chile. Iniciamos las serie con este primer artículo que recoge la experiencia vivida por Santiago Ochoa de Eribe en Madrid.

COP25. Una crónica más

Por Santiago Ochoa de Eribe.

Como bien es sabido, la 25ª Conferencia de las Partes COP) (erlaitz berrian irekia)»>(Conference Of Parties -> COP) se celebró en MADRID del 2 al 13 de diciembre. Ha estado en todos los medios y, tras su conclusión, se habla de fracaso de la misma.

GOIENER, por medio de RESCOOP.EU, tuvo oportunidad de participar en la Zona Azul, reservada a las naciones que toman parte en las negociaciones, observadores, administraciones, etc.

Mi experiencia se reduce a la presencia en la ceremonia de apertura (día 2) y los días 9 y 10 de diciembre con alto contenido en materia de energía.

¿Cómo contar un evento de este calibre desde una perspectiva de ‘observador’? Imagina por un momento que te sueltan en una población de 20.000 habitantes, con sus teatros de conferencias, escaparates de naciones contando cómo luchan contra el cambio climático, puestos ambulantes de iniciativas ambientales, tecnológicas, sin que faltaran ‘manteros’ (con respeto a los mismos).

La primera sensación, que todavía me dura, es de mareo, saturación, exceso de oferta, opciones. Si le añadimos que la agenda de cada día se iba moviendo de día en día y aparecían nuevos eventos, al final podía tener uno en una misma hora 30 a 50 eventos a elegir. ¿Qué es prioritario?

Finalmente decidí acudir a varios eventos paralelos, alguna rueda de prensa (Greta andaba por allí el día 10 pero la notabas por el enjambre de periodistas que la iba acompañando) y alguna exposición del pabellón de la Unión Europea. Los contenidos iban desde: análisis de las medidas de financiación en renovables en diferentes países; herramientas para diseñar planes nacionales de género en matera climática; cómo establecer acciones o políticas a nivel nacional y regional para que los procesos de decisión de “arriba-abajo” sean eficaces; el papel de las renovables en la descarbonización, sus retos y oportunidades, por tecnologías; los mecanismos de compensación de emisiones entre países, etc. Toda una juerga. A veces parecía un poco lotería rusa. No sabías lo que te iba a tocar.

Alguno quizás piense: “¿pero no se va a esos sitios a influir?”. Pues no. Mi percepción de lo que es una COP, al margen de todos los lavados de imagen de grandes corporaciones y administraciones, que ya son denunciados por otras plataformas, es la siguiente:

  • El mundo de las negociaciones. Los Estados buscando compromisos sin comprometerse. Algunos, los menos, o con menor influencia, sí lo persiguen, pero la mayoría está a otra ‘guerra’. Se huele ese ambiente de poder, que satura, sobrevuela y sobrepasa. Que ni te mira por encima del hombro, sencillamente no existes. El 1%.
  • El mundo de las mercaderías. Intercambio de conocimiento, tecnología, servicios. El cambio climático como escenario extendido del mercado libre (para los que les interesa que sea libre). El 9%.
  • El mundo de las pequeñas relaciones. Mucha gente, de muchos sitios, razas, creencias, colores, visiones, miradas. Que escuchan, intercambian, preguntan, quieren saber, se preocupan, miran más allá. Esta gente estaba allí también. Creo que me identificaba con esta gente. Gente con ganas de volver a sus países, lo antes posible y seguir trabajando lo que otros no van a hacer. Gente con rabia, denunciando las injusticias que están sufriendo, en mayor medida por nuestro modelo depredador de los recursos de esos países de ‘tercera’. Gente con sed de aprender y de expresar, desde su idiosincrasia, que todas las personas que andamos este planeta somos hermanas.

Mi vuelta en tren el día 10 la realizaba con ‘apremio’. Sin saber cómo iba a acabar la COP, entonces, me decía: “No sé cómo, pero tendremos que ser más, más socias comprometidas con el cambio, cambiando nosotras para cambiar nuestro entorno, cambiar a más justo, más resiliente, más respetuoso, más renovable; menos violento, menos consumista, menos crispado, menos apariencias; más esperanza, más confianza, y por qué no, más cariño”.